
viernes, 29 de mayo de 2009
Mi amigo Alfonso
El pasado 21 de mayo de 2009 sucedió una de esas cosas que uno no espera jamás, murió de forma inopinada mi amigo Alfonso. Digo que "uno no espera jamás" porque me recuerda a cuando en mi adolescencia murió Franco, no sé por qué pensé que Franco viviría siempre. En fin, que más da. A lo que voy, mi amigo Alfonso.
Para explicar como era mi amigo Alfonso primero habría que explicar como son todos mis amigos de Baiona, para eso habría que explicar que es Baiona... y eso... es harina de otro costal.
Recuerdo un día lluvioso, muy lluvioso de hace más de dos lustros, llegábamos a Baiona (Pontevedra) Pedro Julián, mi hermano y yo. Acabábamos de comprar (mi hermano y yo) un piso excelente. Íbamos a mostrárselo a Pedro Julián. El caso es que después de cenar opiparamente en "El Candíl" (todavía de Mariano) nos fuimos a tomar unas copas. El bar elegido, Baccos. Un pequeño tugurio situado en el corazón del casco viejo. Allí apoyados en la barra y bebiendo gintonis estábamos los tres, enfrente, sentados en una mesa (Baccos sólo tiene dos mesas), un grupo de gente divertida contando chistes. En un momento dado, y producto de la nube etílica (como no podía ser de otra forma) comenzamos a cruzar la conversación. Realmente lo que intercambiabamos eran chistes.
En ese grupo se encontraban (dentro de lo que aquella nube tóxica me permite recordar) Mundo, Javier Pastor, Quico, Ana Avia y Alfonso. Seguro que estaban más, pero son los que recuerdo.
Ese día, porque fue ese día, marcó un punto claro de inflexión en mis visitas a Baiona. Ese día hice amigos. De los de verdad. Ese día conocí una gente extraña, formada por personas de todo tipo y condición cuyo único nexo es el cariño o mejor dicho, el amor, el amor a sus amigos, a sus familias, a los suyos en definitiva.
Pasado el tiempo y con la perspectiva que proporciona esa distancia me he dado cuenta de que son una rara avis, una especie a extinguir.
De entre ellos destacaba, por razones que a continuación explicaré, uno: mi amigo Alfonso.
Alfonso había nacido en el seno de una noble familia, pero un pequeño accidente en el parto hizo que sufriera el resto de su vida parálisis cerebral. Parálisis que se complicó posteriormente, por su obstinación, en una grave lesión de columna. Digo por su obstinación, por que mi amigo Alfonso se negó a ser un inválido, se empeñó en andar (eso le produjo la lesión en la columna), se empeño en estudiar (eso lo tituló en Ciencias Económicas), se empeñó en aprobar una oposición (eso le permitió posteriormente cobrar una pensión).
Mi amigo Alfonso era un tipo singular, había heredado, tras la muerte de su padre, el título de Conde de Andino y una suculenta renta fruto del alquiler de un pisazo en la Castellana.
Gracias a ello, mi amigo Alfonso, devolvió al resto del grupo, vía generosidad económica, todo lo que había recibido a lo largo de los años del resto de los amigos. Desde que lo conocí, siempre fué generoso y nunca escatimó un céntimo (en lo pecuniario).
Ante todo, mi amigo Alfonso, fué (para mi) un ejemplo de superación. Un ridiculizador (sin él quererlo ni pretenderlo) de todos aquellos que por míseros problemas andamos llorando por las esquinas e invocamos nuestro triste sino. ¡Já! a él le iban a contar lo que son problemas, de los de verdad.
Todos los días salía a pasear en su silla de ruedas, generalmente llegaba hasta la nueva casa de Mundo. Yo creo que todo el que ha ido alguna vez a Baiona ha visto a mi amigo Alfonso en su silla por el paseo de Elduayen.
Recuerdo, cuando salíamos a comer o a tomar copas (Alfonso tomaba tantas copas como los demás y comía como no he conocido a nadie) su esfuerzo para levantar su, ya, enjuto y retorcido cuerpo, para dirigirse al wc, "un pis preventivo", decía antes de comer en cualquier restaurante.
A pesar de todas sus limitaciones, mi amigo Alfonso, se apuntaba a un "bombardeo", como se suele decir, si el grupo salía a navegar... allí estaba Alfonso, si se organizaba un viaje, allí estaba él, si yo preparaba una fiesta en casa (un tercero que parece un cuarto, sin ascensor) allí estaba Alfonso.
Siempre me apabuyó su infinito apetito por la lectura. Porque mi amigo Alfonso era un tipo culto, pero en el amplio sentido de la palabra, no un "leído", no... un tipo realmente culto.
Después de tantos años, tiene gracia, me tuve que enterar en la misa del funeral de que mi amigo Alfonso iba a misa todos los domingos. Otro golpe más a todos aquellos que reniegan de Dios por sus miserias. ¡¡que grande eres Alfonso!!
Para mi desgracia, en comparación con el resto del grupo, yo sólo podía disfrutar de su compañía de "Pascuas a Ramos", a fin de cuentas yo voy a Baiona unas pocas veces al año. Pero lo primero que hacía, casi siempre, era encontrarme con Alfonso e irnos a comer o cenar juntos.
Ayer me llamó Mundo, estaba tomando unas cervezas y se acordó de mi, me preguntó como estaba. Ya le dije: con una pena muy honda. Esa llamada me recordó que aunque el viernes anterior hubiese visto el cuerpo de mi amigo Alfonso en el tanatorio, él sigue ahí, y su herencia en forma de cariño, de amistad y porque no decirlo, de amor a sus amigos había cuajado.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)

