domingo, 7 de febrero de 2010

Responsabilidad política

De todos es sabido que cuando un político mete la pata en o con algo, automáticamente se oye un coro de voces (generalmente de la oposición) que reza eso de: debe asumir su responsabilidad política. Hasta ahí todo correcto. El problema nace cuando uno se cuestiona lo siguiente: ¿qué demonios es eso de la responsabilidad política? ¿qué alcance tiene? ¿duele?. En definitiva, la traducción al castellano puro y duro sería: ¿va a la cárcel? ¿ha de pagarlo de su bolsillo? ¿se le impedirá ejercer un cargo público para los restos?.

Desgraciadamente la respuesta a estas preguntas es siempre la misma: se va de rositas.

Esto viene a cuento de que el señor José Luis Rodríguez Zapatero, como es patente, está dejando este país como un solar. No sólo en el sentido económico de la expresión si no, y lo que es peor, en el espíritu de los ciudadanos. A tal punto llega lo de este señor con España y los españoles que, yo me aventuraría a decir, lo peor no es que haya arruinado económicamente todos y cada uno de los sectores productivos, no. Lo peor es que ha generado tanta desilusión, tanta desazón entre trabajadores, autónomos y empresariado, que tardaremos décadas en recobrar el espíritu emprendedor de la ciudadanía.
En cualquier empresa, si se determina que ha habido dolo en la gestión del administrador (o administradores) de la misma, estos responden penalmente ante los tribunales. Embargos, cárcel, multas, etc. Pero curiosamente, en esta enorme empresa que es nuestro país, un señor (como este que nos viene al caso) engaña a sus accionistas (primero negando la crisis), después malversa los fondos de los que dispone (inventando planes-E apriorísticamente fracasados) y finalmente se irá... como si tal cosa. Dejándo tras de sí una desolación sólo comparable a un país en postguerra.
De todos modos el panorama (si bien no de esta magnitud) ya lo conocímos en las postrimerías del régimen Felipista con unas cifras similares (3,5 millones de desempleados, quiebra técnica de la Seguridad Social y una corrupción institucional todavía hoy no superada). Eso si, la herencia en este caso es mayor. Un millón más de desempleados (en este momento 4,5 millones), la hucha de la Seguridad Social dilapidada, riesgo claro de incobro de pensiones en un futuro no muy lejano, un conflicto social provocado por la discriminación "positiva" de los inmigrantes frente a los nativos, desprestigio internacional y, e insisto en este asunto, una población anegada por la desidia y que, como rezaba en la puerta del infierno de Dante, ha abandonado toda esperanza.
Pero la responsabilidad de este señor se limita a "la política", esto se traducirá, como mucho, en que en las próximas elecciónes no saldrá elegido. Y ya está. Él se irá a su casa con una nómina vitalicia como ex-presidente, como si se la hubiese ganado. No responderá ante la justicia del desaguisado cometido.
Pero tanto a los suyos como a los de la oposición (tal para cual) se les llenará la boca con eso de: "ha asumido su responsabilidad política" que traducido viene a ser un "que os den...".