lunes, 13 de julio de 2009

Papá Estado

Si existe un elemento diferencial claro entre las dictaduras y las democracias ese es el paternalismo ejercido por las primeras.

Generalmente en las dictaduras, por su filosofía intrínseca, basada en el pensamiento único, el del dictador que entiende que todo el mundo está equivocado y sólo el Estado sabe lo que es bueno para el pueblo, se produce ese curioso efecto que nos recuerda a nosotros mismos cuando éramos niños y oíamos con frecuencia inusitada eso de "nene caca".

Curiosamente, a día de hoy, se repite ese mismo hecho con sospechosa habitualidad.

Una de las expresiones más exasperantes y llena de paternalismo infame es aquella que se hizo famosa a través de un spot de la Dirección General de Tráfico: "No podemos conducir por ti".

Un análisis de la frasecita en cuestión nos dice hasta que punto, el gobierno que ahora tenemos, padece ese síndrome de las dictaduras, el de "papá Estado".

Veamos "no podemos conducir por ti, es tanto como decir: "Ten en cuenta que nosotros somos los que sabemos de esto, estamos muy por delante (en conocimiento) de tí, si pudieramos te enseñaríamos como hacerlo bien, dado que tú eres un inútil"

Efectivamente, no pueden conducir por mi, ni quiero, claro está.

En este orden de cosas nos encontramos también con la infinidad de prohibiciones en hechos cotidianos, anteriormente normales y ahora cuasi delictivos, con los que nos enfrentamos.

La Generalitat Valenciana o el Ayuntamiento de Valencia ha dictado una orden, edicto, norma, ley o similar por la que a partir del año que viene no se pueden consumir bebidas alcohólicas en la playa (¡¡¡¡????!!!!). Pero bueno! o sea, que la industria, el comercio, los servicios se hunden, a fecha de hoy hay ya 4.400.000 parados y a estos iluminados no se les ocurre otra cosa que prohibir que uno se pueda tomar una cerveza o un "cubata" en la playa. Eso sin mencionar que ya este año han prohibido poner la sombrilla en la playa a menos de seis metros de la orilla (increible pero cierto). Me imagino a esas madres con niños pequeños que les apetece estar jugando en la orilla todo el santo día y que tienen que ejercer la vigilancia sobre los infantes, achicharradas bajo el justiciero sol levantino. Está claro que piensan en todo.

Otro despropósito de papá Estado es el asunto del aborto a partir de los dieciséis años. No por la edad en sí (ya es una auténtica burrada) sino por que se pueda hacer sin la autorización paterna. Papá Estado si lo puede saber pero papá/mamá biológico/a no. Fantástico. Sin entrar en demasiadas cuestiones, y obviando las de orden moral o religioso, resulta, cuando menos sorprendente que no se necesite la autorización paterna para un aborto y sí para la apertura de una tarjeta de fidelización de un comercio (hace poco pude observar en primera persona como en un establecimiento de la firma Yves Rocher se les denegaba a unas adolescentes poder tener la tarjeta de la firma si no era con el consentimiento explícito de sus padres).

Otro asunto que me resulta igual de bochornoso en el ejercicio paterno del Estado es que haya legislado sobre como educar a un hijo y los medios que unos padres pueden emplear o no en dicha función. Así nos encontramos con que si nos sorprenden dándole un cachete a nuestro hijo podemos ser víctimas de la ira de la justicia y vapuleados públicamente por los medios de comunicación. Entiendo perfectamente que no se puede maltratar a un hijo (ni a nadie), pero el sentido común establece unas normas claras y unas fronteras perfectamente visibles entre el reprendimiento (verbal o físico) y el maltrato. Y lo dice uno que en su infancia conoció muy bien el escozor en el trasero de la suela de la zapatilla Bamba.

Siguiendo con el asunto de la educación de los hijos (de las familias, no del Estado) nos encontramos con que este también quiere influir en la educación moral de los mismos. Para ello se ha inventado una asignatura (¿inventado?... mejor diría resucitado) que se llama Educación para la Ciudadanía (¿Formación del Espíritu Nacional?), donde se pretende influir en la formación moral de los hijos en base a los criterios que papá Estado entiende como buenos, dejándo de lado los criterios morales o religiosos de los progenitores.

Otro ejemplo es la forma de tratar ciertos asuntos. Vg. la crisis económica. "No hay que generar alarmismo". Vamos a ver, no es que no haya que generarlo, es que estamos en estado de alarma. No se pude ocultar que es lo que sucede, no se puede tratar al ciudadano como un niño que no debe ver o saber ciertas cosas por si acaso le creamos un trauma para los restos. El ciudadano, y en concreto el español, ha pasado por tantas vicisitudes a lo larga de su dilatada historia que no se le puede tratar como un ignorante. No es cuestión de generar alarmismo, es que uno vé (y padece en sus propias carnes) el desempleo, la destrucción de empresas, el abuso y privilegios de la banca, el incremento de las colas en las casas de caridad, etc. Que más me da que usted me lo disfrace con palabras bonitas (llevamos tres semestres saliendo de la crisis y viendo brotes verdes). Pero papá Estado no quiere que nene ciudadano se asuste. Mañana lo mismo duerme en la calle pero papá Estado le contará que el "vivaqueo" es una bonita experiencia campestre (me suena esto al guión de la Vida es Bella).

En fin, demasiados tics paternalistas, demasiados indicios de autoritarismo. Demasiadas sanciones por cualquier cosa por pequeña que sea (¿la letra con sangre entra?) para vivir en un régimen de libertades. Como en su día escribió Ávlaro de la Iglesia: "Ni todo que reluce es oro ni todo lo que huele es caca", señores padres del Estado.

No hay comentarios:

Publicar un comentario